
Dosis de ciencia
En medicina forense, conocer el tiempo que ha transcurrido
desde el momento en que una persona muere hasta que se
encuentra su cadáver, es de vital importancia.
Este dato se obtiene generalmente a partir de observaciones
sobre el cadáver como rigidez y grado de descomposición, pero
no deja de ser muy subjetivo.
Con el fin de conseguir esta información con mayor precisión, los
forenses hicieron un experimento con cerdos de los que se sabía
con exactitud la hora de su muerte, los colocaron en recipientes
especiales que permitían el contacto con el suelo, insectos y aire.
Cuando un cuerpo se descompone, la ruptura de las proteínas,
de los carbohidratos y de las grasas produce gases de olor
repugnante cuyos nombres técnicos son casi tan desagradables
como su olor: cadaverina, putrescina, indol y escatol.
Por medio de un proceso conocido como microextracción en fase
sólida se hace una recolección de estos gases cada hora y por
toda una semana.
Estos son detectados por unas micro fibras sintéticas de
poliacrilato que envían una pequeña señal eléctrica a un
analizador; éste mide la cantidad en que se encuentra.
Durante los dos primeros días no hay desprendimiento de indol,
escatol ni putrescina; a partir del tercer día su concentración
empieza a aumentar en una forma constante y consistente de
manera que la proporción en que éstos se desprendan de un
cadáver revelará cuánto tiempo ha pasado desde el momento de
la muerte.
