El peso de los gobernadores en la toma de decisiones políticas

Un apuntamiento que vale la pena subrayar, aunque es
prácticamente nota de todas las ocho columnas en los periódicos
hoy, es el peso que están teniendo los gobernadores en la toma
de decisiones políticas nacionales.

Bueno, y en este caso obviamente con la determinación, el
incremento de partidas muy importantes en el Presupuesto de
Egresos del próximo año para el ejercicio por parte de los
ejecutivos estatales, y la ausencia de controles a propósito de lo
que hoy se conoce como el índice perfección de la corrupción.

Y el punto que me gustaría subrayar es el siguiente, desde hace
unos años uno de los efectos no queridos de la democratización
ha venido manifestándose con una evidencia muy importante,
que es precisamente el empoderamiento que ha venido
generándose en el ámbito local en manos de los gobernadores
en lo que ya varios hemos denominado un proceso literalmente
de feudalización de la política.

Lo que estamos viendo es que prácticamente los gobernadores,
que se han convertido en operadores electorales muy eficientes,
particularmente los gobernadores del PRI, han prácticamente
reconstruido en buena medida el tipo de ejercicio de poder
vertical y casi omnímodo que en el pasado tenía la Presidencia
de la República pero en el ámbito estatal.

Es decir, finalmente la transición, la instalación de la pluralidad
política en el ámbito federal, en el Congreso, la figura de la
alternancia, los gobiernos divididos, dieron al traste con el
antiguo presidencialismo mexicano.

Pero paradójicamente, como un efecto no querido, lo que hemos
visto es la construcción de estos regímenes omnímodos de
poder en varias entidades de la República que ahora con la
conquista de mayorías parlamentarias prácticamente han
eliminado cualquier mecanismo de control de poder.

Así vemos los organismos autónomos locales muchos,
comisiones de derechos humanos, órganos de transparencia,
institutos electorales, tribunales superiores de justicia, entre otros
que prácticamente obedecen a la voluntad del gobernador en
turno, con lo cual estamos en una situación no deseada y
peligrosa para el desarrollo y la consolidación de la democracia.

El Presupuesto de Egresos, en el que resultan ganones los
gobernadores, es una expresión más -lamentable al final del día-
de este empoderamiento desde la periferia, que de democrático
tiene poco y de preocupante mucho.